miércoles, 10 de diciembre de 2008

Cientificos desentrañan un enigma de la vida marina

Unos investigadores han averiguado que las larvas de zooplancton, con unos ojos de sólo dos células cada uno, tienen un nervio que conecta directamente un fotoreceptor ocular con las células implicadas en la habilidad natatoria.

En realidad cada ojo es un fotorreceptor y una célula pigmentaria, aclaran los científicos del Laboratorio Europeo de Biología Molecular (EMBL) que han estudiado las larvas de Platynereis dumerilii, un gusano.

Las larvas de invertebrados marinos (gusanos, esponjas o medusas) tienen los ojos más simples que existen, explica el EMBL. Más bien, parecen proto-ojos, los primeros ojos que aparecieron en la evolución animal, como sugirió Charles Darwin.

Esos órganos de visión primitivos no pueden formar imágenes, pero permiten al animal identificar de dónde viene la luz. En las larvas ahora estudiadas, el fotorreceptor detecta la luz y la convierte en una señal eléctrica que viaja directamente por el nervio hasta un grupo de células de los cilios que al moverse propulsan al animal por el agua.

Cuando se enfoca la luz selectivamente en una de las células del ojo, cambia el batir de los cilios: los cambios locales resultantes en el flujo del agua son suficientes para alterar la dirección de natación del microorganismo.

La segunda célula del ojo, la de pigmento, proporciona la sensibilidad direccional a la luz: absorbe la luz y arroja una sombra sobre el fotorreceptor. La forma de esta sombra varía según la situación de la fuente de luz y se comunica a los cilios a través del fotoreceptor.

"Platynereis dumerilii puede ser considerado un fósil viviente", afirma Gáspár Jékely, científico del EMBL que lidera el grupo de biología del desarrollo.

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