sábado, 21 de abril de 2012

Los cráteres pueden ser nichos de vida en Marte

Los cráteres pueden ser nichos de vida en Marte. Nicolle Rager-Fuller/NSF
Los cráteres provocados por impactos de asteroides son uno de los lugares elegidos por los astrobiólogos para encontrar rastros de vida primitiva que también podrían existir en otros planetas, como el vecino Marte.

Ahora, un equipo de investigadores escoceses, dirigidos por Charles Cockell, de la Universidad de Edimburgo, acaban de descubrir, en uno de estos inhóspitos entornos, colonias de microbios. Se trata del impresionante agujero dejado por un impacto ocurrido hace 35 millones de años, que tiene 85 kilómetros de diámetro y 1,5 de profundidad.

Para los astrobiólogos, estos resultados son una prueba más de que estos cráteres son un importante refugio profundo para microorganismos que buscan protegerse de los avatares que hay en la superficie, más afectada por el cambio estacional, desde grandes calentamientos globales a edades deehielo.

Pero no sólo en la Tierra tienen esta función, sino que, como publican en la revista 'Astrobiology' esta semana, estos cráteres también pueden ocultar vida en Marte, por lo que creen que habría que perforar en la superficie de este planeta para comprobar si existe o no.

Los investigadores de la universidad de Edimburgo perforaron casi dos kilómetros bajo el cráter de Chesapeake. Encontraron que los microbios estaban distribuidos de forma irregular por las rocas, lo que sugiere que el medio ambiente continúa cambiando 35 millones de años depués del impacto...

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es

jueves, 19 de abril de 2012

Proponen construir exobots para buscar vida en el Universo

Proponen construir exobots para buscar vida en el Universo
Robots autónomos autorreplicantes podrían ser la solución para explorar el universo, encontrar e identificar vida extraterrestre, y también para limpiar nuestra órbita de desechos, de acuerdo con un ingeniero de la Universidad Penn State, con ocasión del medio siglo de búsqueda activa de inteligencia extraterrestre.

"La premisa básica es que la exploración espacial humana debe ser altamente eficiente, rentable y autónoma, pero la colocación de seres humanos más allá de la órbita baja de la Tierra está llena de dificultades políticas, económicas y técnicas", afirma John D. Mathews, profesor de Ingeniería Eléctrica en un artículo publicado en el último número de la Revista de la Sociedad Interplanetaria Británica.

Si los extraterrestres están ahí fuera, tienen los mismos problemas que nosotros, necesitan conservar sus recursos y se ven limitados por las leyes de la física, pueden no estar dispuestos a reunirse con nosotros, según Mathews.

Él sugiere que "sólo mediante el desarrollo y la implementación de una nave espacial robótica autorreplicante, y el consiguiente sistema mejorado de comunicaciones, la raza humana podría, de manera eficiente, explorar incluso el cinturón de asteroides, dejar atrás las vastas extensiones del Cinturón de Kuiper, la Nube de Oort, e ir más allá".

Mathews supone que cualquier extraterrestre tendría que seguir un camino similar en las estrellas, consistente en el envío de los robots en lugar de los seres vivos. "Si ellos son como nosotros, también tendrán un gobierno disfuncional y todos los demás problemas que nos aquejan", dijo Mathews. "Ellos no quieren gastar mucho para comunicarse con nosotros".

Para minimizar el coste, sugiere que los primeros robots se fabriquen en la Luna para aprovechar los recursos y la menor gravedad. Señala que tenemos la tecnología para crear estos exobots ahora, a excepción de una fuente de alimentación compacta.

Para crear una red de robots autónomos, capaces de pasar información a los demás y volver a la tierra, los vehículos deben ser capaces de identificar su ubicación exacta y determinar el tiempo. Con estos dos bits de conocimiento, deben ser capaces de determinar donde están el resto de robots y dirigirlos con un rayo láser infrarrojo para transmitirles datos.

EUROPA PRESS

domingo, 15 de abril de 2012

Ken Nealson: Es 100% seguro que hay vida ahí fuera

Ken Nealson: Es 100% seguro que hay vida ahí fuera
A la pregunta de si estamos solos en el universo, Ken Nealson, catedrático de Geobiología de la Universidad del Sur de California (EE UU) y astrobiólogo de la NASA, lo tiene claro. Si ciertas bacterias son capaces de sobrevivir a las condiciones más extremas de la Tierra, incluso sin oxígeno, es más que probable encontrarlas en otros planetas. Pero hasta que se descubran, los científicos como Nealson deben averiguar todo lo que estos microorganismos nos deparan aún en la Tierra.

Los humanos solo comemos una cosa, carbono orgánico; y solo respiramos otra, oxígeno. Así funciona la vida, “o eso creemos”, asegura Ken Nealson. “Sin embargo las bacterias comen todo tipo de materia (compuestos inorgánicos como el sulfuro, hidrógeno, amonio, entre otros), en realidad cualquier cosa de la que obtienen electrones, y pueden interactuar con cualquier elemento químico que aparece en la tabla periódica”, subraya el microbiólogo.

En cuanto a lo que respiran, no es solo oxígeno, sino también CO2, sulfito, nitrato y otras sustancias. Incluso son capaces de aprovecharse de una roca sólida como sustituto del oxígeno, es decir ‘respirar rocas’, como dicen coloquialmente los científicos al hablar del transporte extracelular de electrones descubierto hace dos décadas y que sigue sin aparecer en los libros de texto.

“Años más tarde descubrimos que al quitar la roca del experimento y añadir electrodos, lo único que ‘respiran’ estas mismas bacterias son los electrodos. Forman una capa a su alrededor y le proporcionan electrones, y por tanto energía”, detalla Nealson. Como estos microorganismos pueden comer cualquier cosa, los científicos probaron con residuos humanos e industriales para producir electricidad. Y lo consiguieron.

Bacterias que purifican el agua

“Parece muy bonito para ser cierto, pero lo es, aunque no va a solucionar la crisis energética”, advierte el experto estadounidense, quien añade que no solo se puede crear electricidad sino también purificar el agua y eliminar los contaminantes sin ningún soporte electrónico. El equipo de Nealson está intentando diseñar esta tecnología barata y ecológica en aldeas africanas donde la gente podría traer sus residuos cada día y obtener agua limpia a cambio.

Según el investigador, “en los próximos 5 o 10 años, veremos la primera aplicación legítima a este proceso”, porque hay unas 15 empresas de todo el mundo que ya están intentando aplicarlo. “Es una buena tecnología verde que solo usa materiales biológicos como fuente, trabaja muy rápido y produce bastante energía”.

Sin embargo, aún es necesario abaratarla si lo que se pretende es abastecer a todo un poblado de países empobrecidos. “Hay una parte muy barata, la del electrodo que no cuesta casi nada y las bacterias que son gratuitas (puedes cultivar cuantas necesites), pero la otra parte requiere platino en el electrodo, que es lo que cataliza el oxígeno convertido en agua”, indica el investigador.

En el laboratorio de Nealson han obtenido recientemente esta misma reacción de electrones y oxígeno utilizando bacterias que se pueden poner en un cátodo (electrodo negativo del que parten los electrones) para eliminar el platino, lo que para el microbiólogo es “una gran victoria”. Pero aún hay más, Nealson asegura que se podría conseguir todo un proceso bacteriológico con células solares, es decir, las bacterias se podrían alimentar de luz solar, y para ello no quedan más de 10 o 15 años. “Valdrá la pena esperar”.

Hasta entonces, la microbiología deberá intentar descubrir lo que oculta el microscopio. Por ahora, gracias a mejores métodos moleculares para ver a las bacterias, los científicos han descubierto que “solo somos capaces de cultivar cerca del 0,1% de todas las bacterias que vemos en el microscopio”, afirma el experto. Pero la pregunta que se hacen los microbiólogos es “¿qué hacen realmente las otras bacterias que no podemos cultivar?”

“Es completamente desconocido. Al mirar sus cromosomas se podría averiguar cómo actúan pero todavía no se ha probado; y no se puede demostrar si no se pueden cultivar”, testifica Nealson.

Microorganismos extraterrestres

De los microorganismos que ya se conocen, lo que más sorprende a este microbiólogo que se niega a jubilarse aún es lo resistentes que son. Cuando Nealson empezó a estudiar microbiología, no podía imaginarse que las bacterias sobrevivirían a más de 100 ºC. No obstante, en los años ’70, se descubrió que había bacterias que vivían en los géiseres del Parque Nacional de Yellowstone (EE UU).

La vida microbiana se ha adaptado a la salinidad, a la temperatura, al pH, a la aridez, a la radiación, y a la presión. Durante años se pensó que uno de los lugares más desérticos de la Tierra –el desierto de Atacama en Chile– era estéril, pero al mirar en el interior de las rocas se observó todo tipo de vida. Río Tinto en Huelva es otro de los lugares “más fascinantes de la Tierra”, para Nealson. “Muchos de estos entornos extremos te hacen pensar de forma diferente sobre la posibilidad de encontrar vida en otros planetas, y Río Tinto en Huelva es uno de ellos”, apunta.

Desde que empezó a conocer la habilidad de las bacterias, el interés de Nealson por hallar vida microbiana fuera de la Tierra creció. Las misiones del telescopio espacial Hubble han sido determinantes. En los últimos 10 años, sus datos han demostrado que existen millones de planetas que se parecen a la Tierra. “Pero estos planetas están a muchos años luz de nosotros. Incluso si obtienes una señal de alguno de ellos (una que se pudo generar hace 100 años), llevará 1.000 años llegar allí a la velocidad a la que viajamos ahora. Es fascinante pero frustrante a la vez”, manifiesta el experto, que lo tiene claro: “Es 100% seguro que hay vida ahí fuera”.

El problema es cómo encontrarla. “Cuando una misión de la NASA planea ir a Júpiter o Saturno –al que se tarda ocho años en llegar–, o incluso más lejos, a Neptuno, el tiempo de ir y volver, has perdido un tercio de tu carrera, y a lo mejor fracasa”.

Vida en el sistema solar

Sin salir del sistema solar, desde el punto de vista de un microbiólogo, hay diferentes lugares en los que algunos organismos que habitan la Tierra podrían sobrevivir. Por ejemplo las lunas de Júpiter: Europa, Calisto y Ganímedes. “No sabemos exactamente lo grueso que es el hielo ni cómo es el agua debajo, pero seguro que en cada una de estas lunas hay más agua de la que tenemos en la Tierra”, señala Nealson. El agua líquida es esencial para vida como la nuestra pero “lo que es esencial es el líquido”.

Otro lugar donde buscar es una luna de Saturno, Encélado, que rodea uno de los anillos del planeta. “Siempre ha tenido agua congelada”. Titán, otra de las lunas de Saturno, “no tendría vida como la conocemos porque hace demasiado frío”, pero tiene metano y etano líquidos. “Supongo que hay diferente tipo de vida allí”, insiste el investigador que asegura que esta vida sería “tan rara” que “ninguna de las reglas de química con las que hemos crecido tendría entonces sentido”.

“Si no piensas en cosas como estas te vuelves muy geocéntrico sobre la búsqueda de vida y te perderías cosas muy interesantes. Sea el tipo de vida que sea, va a necesitar energía y deberíamos ser capaces de ver los lugares donde la energía es consumida”.

Hasta que se descubran los primeros indicios de vida extraterrestre, hay mucho trabajo por hacer en la Tierra, porque “aún se desconoce el potencial de la Microbiología y es una oportunidad mayor de lo que uno imagina”. Uno de los ejemplos que da Nealson es la corrosión (de buques, cañerías, etc.) en EE UU, que supone un gasto de más de 200.000 millones dólares al año. La inversión en el estudio de los microbios que provocan la corrosión “sería un avance”. Solo con reducir un 2% el ritmo de la corrosión, se recuperarían 400 millones dólares al año.”Ahora toca convencer para obtener financiación”, afirma el investigador.

Y para convencer basta con recordar que el 99,9% de las bacterias son nuestras amigas. Muy pocas son realmente dañinas. “El planeta y el cuerpo humano funcionan gracias a las bacterias buenas. Lo único es que todavía no hemos aprendido esta lección”, concluye Nealson.

Adeline Marcos | SINC

domingo, 1 de abril de 2012

Nuevos indicios de que los cometas pudieron traer la vida a la Tierra

Nuevos indicios de que los cometas pudieron traer la vida a la Tierra
Un equipo de investigadores de la NASA ha descubierto nuevos indicios que apoyan la teoría de que la vida pudo llegar a la Tierra a bordo de los cometas.

El experimento, presentado por Jennifer G. Blank en la reunión anual de la Sociedad Química Americana, recreó, con potentes 'disparos' de laboratorio y un modelo informático, las condiciones que existían en los cometas cuando bombardearon la Tierra a una velocidad de 25.000 kilómetros por hora. Este trabajo forma parte del intento de comprender cómo los aminoácidos y otros elementos de los primeros seres vivos aparecieron en un planeta que llevaba miles de años vacío y desolado.

Los aminoácidos son componentes de las proteínas, que son fundamentales en cualquier forma de vida, desde las bacterias a las personas. "Nuestra investigación demuestra que los bloques que construyeron la vida pudieron seguir intactos pese al impacto y la onda expansiva que producía el impacto del cometa", señala Black.

En su opinión, esto demuestra que "los cometas podrían haber sido realmente los vehículos perfectos para traer aquí los ingredientes químicos que se consideran básicos para que evolucione la vida, los aminoácidos, el agua y la energía".

En realidad, son bloques de gases, agua, hielo, polvo y roca que los astrónomos llaman 'bolas de nieve' sucias, y pueden tener más de 15 kilómetros de diámetro. Normalmente, orbitan en torno al Sol, en el cinturón de Kuiper, más allá de los planetas, pero de cuando en cuando logran introducirse en el sistema y son visibles en el cielo.

Hace miles de millones de años, sin embargo, cometas y asteroides bombardeaban la Tierra con frecuencia. De hecho, uno de ellos pudo dar origen a la Luna, donde se ven los muchos impactos que también sufrió, dado que no tiene biosfera ni placas tectónicas que los haya ocultado y transformado.

Las evidencias científicas apuntan que la vida terrestre comenzó tras acabar el 'último gran bombardeo', hace unos 3.800 millones de años. Anteriormente, hacía demasiado calor como para que nada sobreviviera. De hecho, los fósiles más primitivos tienen unos 3.500 millones de años, lo que supone que la vida se originó muy rápido.

Rosa M. Tristán | ELMUNDO.es